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Nueva ronda de Consejos de Salarios se hará en un contexto distinto a la anterior: mantener los puestos de trabajo.

La tasa de desempleo volvió a incrementarse en el primer trimestre del presente año, ubicándose en promedio en el 7% (7,3% en marzo) de la población que desea trabajar. El dato es relevante por sí mismo, ya que muestra un deterioro del mercado laboral, pero también lo es a la luz del contexto particular en que se encuentran las negociaciones laborales, ya que a mitad de año vencen varios convenios laborales y debe convocarse a Consejos de Salarios para negociar nuevos acuerdos.

Sectores muy importantes como los frigoríficos, metalúrgicos, comercio, construcción y salud, entre otros, deberán negociar nuevos ajustes, al vencer convenios firmados tres años atrás. Este es otro elemento importante a tener en cuenta, las coyunturas particulares en las que se dieron las negociaciones. En aquel entonces la economía uruguaya atravesaba por un momento de gran expansión, que se reflejó en tasas de crecimiento del PIB del 8% promedio en 2010 y 2011.

En ese contexto, con una fuerte demanda de trabajo de parte de las empresas, naturalmente aumentaron en términos reales las remuneraciones. Los convenios firmados entonces reflejaban esa realidad en ajustes que incluían cláusulas vinculadas al desempeño sectorial y aproximaciones a la productividad, que aumentaba de la mano de inversiones llevadas a cabo en las distintas ramas de actividad.

La coyuntura actual es distinta. La economía ya no crece a un ritmo tan elevado y eso se refleja en la demanda laboral. Por otro lado la inversión en el sector privado se frenó, y por consiguiente las mejoras de productividad ya no son tales.

Esta nueva realidad debe verse reflejada en las pautas que fije el PE para la próxima ronda de Consejos de Salarios. El deterioro que muestra hoy el mercado laboral, amerita que se reponderen las prioridades y que aumenten las preocupaciones por el mantenimiento de los puestos de trabajo.

Un aspecto importante a considerar, que si bien no afecta directamente a las negociaciones entre empresarios y trabajadores sí tiene implicancias macroeconómicas, es la indexación de los ajustes. Es uno de los aspectos que más dificulta al combate inflacionario, con implicancias sobre la competitividad de la economía, y por ende en el empleo futuro.

Tendencia.

La tasa de desempleo se situó en el primer trimestre del presente año en el 7% de la población económicamente activa (PEA), es decir aquellos mayores de 13 años que desean trabajar. Los datos surgen de la encuesta continua de hogares (ECH) que releva mensualmente el INE. Por tratarse de una encuesta y no de un censo, las mediciones puntuales pueden verse afectadas por distintos factores y presentar cierta volatilidad. Para evitar esa volatilidad lo mejor es analizar promedios móviles de períodos más extensos, por ejemplo trimestrales. Pero incluso los promedios trimestrales tienen la dificultad de la estacionalidad. Por tanto, la comparación relevante es ante el mismo período del año anterior.

Para superar estos inconvenientes y poder entender mejor la nueva realidad por la que atraviesa el mercado laboral, el análisis a partir de datos agrupados en períodos de años móviles resultan más adecuados. Ello se muestra en el Gráfico N° 1, donde se ve claramente que tras alcanzar un mínimo del 6,2% en el primer trimestre de 2012, lentamente se ha venido deteriorando desde entonces hasta situarse en el 6,7% actual. Para la historia uruguaya se trata de una tasa baja. No obstante, lo importante es la tendencia, en particular la de corto plazo. En tal sentido, el promedio anual de desempleo está en el 6,7%, el del último trimestre en 7% y el dato de marzo en 7,3%. Todo ello habla de un deterioro en el mercado laboral.

Por si esta evolución ya no fuera contundente de por sí, el análisis de las condiciones que ponen quienes están desempleados y buscan un empleo para aceptarlo, la reafirma. En un contexto dinámico, en el que aumenta el empleo y existen oportunidades de conseguirlo rápidamente, quienes lo buscan están en condiciones de imponer condiciones antes de aceptar lo que se les ofrece. Estas tienen que ver con el nivel de remuneraciones, horario, tarea, que esté acorde a su preparación, etc. Muchas condiciones, o en su defecto que el porcentaje de desocupados que no impone condiciones sea bajo, es síntoma de dinamismo.

El número de desocupados que no impone condiciones viene aumentando trimestre a trimestre desde el año 2012, acorde a la evolución del desempleo. Pero antes de extraer conclusiones apresuradas sobre dificultades serias en materia laboral, hay que analizar qué sucede con el empleo. En el Gráfico N° 2 se muestra la evolución en años móviles de la tasa de empleo (ocupados sobre población que desea trabajar). En principio debería esperarse un comportamiento inverso al del desempleo. Pero a lo largo del tiempo no ha sido así, ya que si bien cayó la ocupación (y aumentó el desempleo) tras alcanzar un pico a comienzos de 2012, el empleo aumentó durante 2014, al igual que la desocupación.

La aparente contradicción se explica por un aumento de la población deseosa de trabajar a lo largo de 2014 superior al del empleo. Ese mayor aumento de la oferta laboral explica el del desempleo durante 2014, pero también, dadas las dificultades que enfrentó para obtener trabajo, el que disminuyeran las condiciones impuestas.

A su vez, dados los altos niveles relativos que alcanzó la tasa de empleo, y dados los notorios problemas en materia educativa, ese aumento de la oferta laboral pudo corresponder a trabajadores sin mayor capacitación, por tanto las menores condiciones exigidas.

En todo caso, los datos del primer trimestre de este año muestran un descenso tanto de la cantidad de gente que desea trabajar como de los ocupados propiamente dichos. Más allá de casos mediáticos de empresas de gran porte que han paralizado su actividad, la finalización de la construcción de Montes del Plata, el ajuste en marcha del sector privado que comienza a moderar su gasto y problemas de competitividad en el sector exportador y en particular una menor rentabilidad de la agricultura, son elementos que presagian enlentecimiento en materia laboral. En el nuevo contexto, aquellos trabajadores menos calificados son los más vulnerables. Exigir en las próximas negociaciones salariales mayores aumentos para estos estratos los puede terminar perjudicando.

Fuente: Diario El País

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