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El director general de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) considera que la tecnología está poniendo a prueba lo que se conoce como empresa y relaciones laborales, y sostuvo que a futuro primará el vínculo comercial entre las partes.

Guy Ryder. Foto: Leonardo Maine

En entrevista con El País en el marco de una visita que hizo a Uruguay para firmar un acuerdo sobre trabajo decente, Ryder sostuvo que las empresas deberían implicarse en la formación de los futuros trabajadores. También destacó como positiva la negociación colectiva, y dijo que el organismo tiene previsto plantear enmiendas a la ley de negociación colectiva en el marco del diálogo social.

—¿Hacia dónde va el mundo laboral? Hay quienes dicen que las claves serán el conocimiento y la tecnología.

—Tenemos que mirar con mucha más atención esto. La gente ya habla de una cuarta revolución industrial con la tecnología. Creo que es sumamente importante tener en cuenta que estas nuevas tecnologías como el caso de Uber, que veo que está llegando a Uruguay, u otroscrowfundings, pueden cambiar totalmente los fundamentos del trabajo que nosotros conocemos y las instituciones que existen para gobernar el mundo del trabajo. Tomemos el ejemplo de Uber. Esa empresa tiene o no tiene empleados dependiendo de quién lo mire, empleados. La empresa que conocemos hoy con empleador y empleado va a ir desapareciendo y lo que vamos a tener van a ser plataformas virtuales de organización de producción e intercambio de servicios que no van a emplear a nadie, y simplemente van a juntar a alguien que ofrece un servicio y a otro que lo quiere y será un encuentro que durará lo que haga falta para que se concrete la transacción. Pero no es una relación laboral sino comercial. La gente cada vez va a tener que trabajar más en este marco mediado por esta tecnología. Estamos frente a desafíos que nuestros sistemas de gobernanza del mundo del trabajo no pueden responder y la gente tiene que empezar a hablar de estas cosas.

—¿Qué recomendación le daría a un joven que no inició su vida laboral?

—Lo básico: que estudie.

—En Uruguay hay una baja tasa de retención del sistema educativo. ¿Hay riesgos?

—Yo creo que en el futuro los conocimientos van a ser la base de la competitividad en el mercado de trabajo, por lo tanto más que nunca es importante la educación. Me comentaron que el sistema educativo en Uruguay necesita mejoras importantes y que muchos jóvenes dejan de estudiar, y hay ni-ni. Si Uruguay o cualquier país tiene interés en mantener un sistema educativo que a la vez prepare a sus jóvenes bien y con las necesidades del mercado de trabajo, tiene que tener más actores involucrados. Muchas veces los empleadores se quejan de la no adecuación ni correspondencia de lo que ofrece el sistema educativo. Una forma importante de asegurarlo es que la correspondencia sea a través de un sistema dual de aprendizaje en el que las empresas se impliquen en la construcción de competencias. No es suficiente quejarse sobre la educación, los empleadores deben implicarse.

—Usted sostiene que hay una generación perdida de trabajadores. ¿Por qué?

—Hay que mirar las cifras. Hoy hay más de 200 millones de personas que no tienen empleo en el mundo. Hay 75 millones de jóvenes de menos de 25 años que no tienen trabajo. El problema es que el mundo no está creando los suficientes trabajos para los jóvenes que llegan al mercado. Cada año se tendrían que crear 40 millones de puestos para integrar a los jóvenes y no lo hacemos. Si uno tiene menos de 25 años es tres veces más probable que no tenga empleo. Corremos el riesgo de dejar una generación al lado de la ruta y eso es socialmente inaceptable, una pérdida económica enorme y políticamente peligroso.

—¿Por qué?

—Un ejemplo: África del Norte y Medio Oriente son las regiones que siempre han conocido las tasas más altas de desempleo juvenil. Tienen toda una clase de jóvenes que no tienen trabajo, están excluidos de los procesos normales, y yo creo que la estabilidad de estos países y los problemas que conocemos no son independientes de estas cosas. Hay razones económicas, sociales y políticas para atender esto.

—El trabajo decente es uno de los ejes de la OIT. Firmó un acuerdo tripartito en Uruguay. ¿A qué se aspira?

—La forma de sacar a la gente de la pobreza es a través del trabajo decente. Uruguay demuestra que un porcentaje elevado de las personas que salieron de la pobreza lo hicieron gracias al trabajo.

—¿Cómo evalúa las relaciones laborales en Uruguay?

—Uruguay tiene una ventaja comparativa en sus fuertes instituciones que han dado sus frutos y es impresionante. Entiendo que hay controversias, y me las han planteado, pero sigo pensando que Uruguay está bien en cuestiones laborales sin ignorar los desafíos que hay por delante.

—Hubo casi 13 conflictos por mes con medidas que derivaron en la pérdida de más de 1,5 millones de jornadas. ¿Cuál es la clave para el éxito de una negociación tripartita?

—Me han dicho que este año ha sido de elevada conflictividad. El objetivo nunca es el de promover los conflictos, pero a veces llegan porque la gente defiende sus intereses. Creo que la solución tiene que continuar en el diálogo, y confío que después de haber conversado con el gobierno, los sindicatos y las empresas sea el camino que van a seguir, sobre todo porque la coyuntura regional no es fácil.

—¿Qué le plantearon las partes con las que se reunió?

—Hay concepciones distintas. Las cámaras tienen una percepción de la situación actual que se desmarca de forma bastante clara del punto de vista del gobierno y los sindicatos.

—Empresarios presentaron hace 7 años una queja ante la OIT por el sistema de negociación y prevén replantearlo.

—Se sigue buscando una solución. Nuestra comisión de expertos va a presentar sus comentarios en el diálogo social y vamos a tratar de encontrar una solución. Hay puntos en los que nuestros técnicos han pedido enmiendas y cambios.

—Los empresarios dicen que los derechos de los trabajadores parecerían no tener límites. ¿Es así?

—He escuchado estos comentarios. Lo que puedo decir es que en la OIT los derechos garantizados sí tienen límites, por ejemplo, el derecho a la huelga. Los servicios esenciales tienen que protegerse.

—El gobierno decretó la esencialidad en varias oportunidades, pero los empresarios creen que está más alineado a los sindicatos. ¿Lo percibe así?

—No diría que alineado es la palabra, pero las ideas son más cercanas entre gobierno y sindicatos.

Fuente: Diario El País

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